Del capital simbólico a la Violencia contra las Mujeres en Salta. ¿Es posible el cambio?

La violencia contra las mujeres es un problema social y estructural. Tan estructural y naturalizado que vemos como violentan a la Ministra Marianela Cansino en la tapa de un periódico y no decimos nada. Se necesita un pueblo para salvar a una mujer.

Ya lo dijo Pierre Bourdieu, el capital simbólico posee la capacidad genuina prácticamente innata para hacer pasar como natural la desigual distribución de poder. El ejemplo más claro es la diferenciación de clases, con su consecuente ejercicio de dominación de las/os más favorecidas/os sobre las/os más desaventajadas/os, que no sólo tienen su razón de ser en el capital económico que es evidentemente, sino que fundamental y preocupantemente logran su justificación y consolidación a través del capital simbólico.

Esto explica por qué a lo largo de la historia de la humanidad quienes concentraron mayor cantidad de capital simbólico han tenido el poder para imponer su visión del mundo o cosmovisión, estableciendo lo “normal o natural”, y por consiguiente, dejando afuera toda visión que no cuaje, entre, avale o directamente choque con ella.

Teoría vs. Práctica

Hay dos factores determinantes sobre la violencia simbólica: el primero es que se ejerce con el consentimiento del o la dominado/a en términos teóricos, y el segundo la herencia cultural como reproductor de las desigualdades estructurales.

Es conocida la lucha de los movimientos de mujeres contra el patriarcado,  la desigualdad entre varones y mujeres y la violencia contra las mujeres en todas sus formas de ejercerlla. Sabemos del despertar de la conciencia social, a tal punto que pudimos ser parte de la masiva movilización en todo el territorio nacional #niunamenos. Con lo cual, no avalamos ni consentimos el ejercicio de la dominación ni de la violencia contra las mujeres. Pero es necesario alzar la voz, cuando a una de nosotras nos violentan, sea madre o hermana, sea esposa o maestra, sea doctora o secretaria, sea hija o ministra.

En la provincia de Salta la violencia simbólica y mediática contra las mujeres opera como en el resto de nuestro territorio nacional de manera muy sutil, prácticamente invisible ante los ojos de quien no quiera ver. Es responsabilidad de los actores sociales: dirigentes políticos, dirigentes sociales, artistas, comunicadores y formadores de opinión, así como también de los diferentes medios masivos de comunicación, tener la responsabilidad, la conciencia y la valentía no ejercer violencia simbólica ni mediática contra las mujeres. Pero también tenemos la obligación ética y moral de combatirla.

Se necesita una sociedad entera para salvar a una mujer. Se necesita un pueblo para transformar social y culturalmente las estructuras de dominación y ejercicio de violencia contra las mujeres. Se necesita que los periodistas y comunicadores sean parte de esta gesta.

No hay posibilidad de una comunidad o una sociedad justa, libre y realizada si aún la herencia cultural, patriarcal o social no se transforma profundamente. Genera dolor la tapa de “Cuarto Poder” o “cuartopólitan” como nombran frivolizando la foto de tapa, que coloca a una mujer en este caso la Ministra de Derechos Humanos de la Provincia de Salta, con su cuerpo sin que se le vea ropa, tapado por bolsas, haciendo alusión no solo a su condición de mujer, sino al maquillaje, la temporada de compras, y conectando visualmente esto directamente con cuestiones de gestión. Es una tapa sexista, machista, que ejerce violencia mediática contra una mujer.

El cambio y la transformación son posibles, pero depende de todos y todas.